| TE HABLARÉ DEL SILENCIO |
Otoño, surge una canción,
una canción triste y lenta,
y una hoja sin darse cuenta
muere en su interpretación.
De Eva, el inmortal aliento,
al árbol viejo, despoja,
de otro músico, de otra hoja;
remoto disfraz de viento.
La voz cruel, perenne, quiere
dejar desnuda a la planta,
cual hembra que al hombre encanta
con su caricia y lo hiere.
Caduco el anciano sabe
que más de un miembro en su orquesta,
de tarde hará eterna siesta
si no sopla brisa suave.
El árbol llora esta pena,
y llora hojas al llorar,
e igual que el hombre al amar
a una mujer... se condena.
una canción triste y lenta,
y una hoja sin darse cuenta
muere en su interpretación.
De Eva, el inmortal aliento,
al árbol viejo, despoja,
de otro músico, de otra hoja;
remoto disfraz de viento.
La voz cruel, perenne, quiere
dejar desnuda a la planta,
cual hembra que al hombre encanta
con su caricia y lo hiere.
Caduco el anciano sabe
que más de un miembro en su orquesta,
de tarde hará eterna siesta
si no sopla brisa suave.
El árbol llora esta pena,
y llora hojas al llorar,
e igual que el hombre al amar
a una mujer... se condena.

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