| EL VAIVÉN DE LA VIDA |
La luna llora y se ríe, se ríe y llora la luna, y en el cielo de sus caprichosas noches una carcajada cabalga cual caballo desbocado hacia los sueños de algún pobre infeliz. Y en ese cielo en el que rara vez se aprecia el rumor apagado que una lágrima deja al caer sobre un hombre, quizá por el influjo de un sueño, quizá porque sea una verdad diseminada en el aire, dicen que también se puede leer el destino. Yo por si acaso nunca dejo de observarlo, por eso y porque es la morada de la enigmática e inconmensurable luna, morada de sus vaivenes y espejo de los nuestros.
El flujo de la vida, de nuestra vida, hace que a veces los sentimientos sean herméticamente cerrados en el corazón del hombre; pero el hombre no es más que sombra de una luna en carcajadas, y será en el cielo de cada ser humano donde se refleje eternamente cada sentimiento que en vano se intente esconder.
Hoy al abrir mi corazón he visto la luna, y esa luna, (que llora y ríe, que ríe y llora, que vuelve a reír y vuelve a llorar), hoy llora... y todo esto no deja de resultar curioso, porque más tarde, al mirar al cielo donde cada noche reposa mi agitada luna, esta noche había un hombre llorando, y ese hombre, ese hombre... era yo.
El flujo de la vida, de nuestra vida, hace que a veces los sentimientos sean herméticamente cerrados en el corazón del hombre; pero el hombre no es más que sombra de una luna en carcajadas, y será en el cielo de cada ser humano donde se refleje eternamente cada sentimiento que en vano se intente esconder.
Hoy al abrir mi corazón he visto la luna, y esa luna, (que llora y ríe, que ríe y llora, que vuelve a reír y vuelve a llorar), hoy llora... y todo esto no deja de resultar curioso, porque más tarde, al mirar al cielo donde cada noche reposa mi agitada luna, esta noche había un hombre llorando, y ese hombre, ese hombre... era yo.

Déjame tu comentario
<< Regresar al ÍNDICE|